De un prototipo a un sistema que aguanta una empresa
Una empresa que postula a licitaciones públicas y fondos concursables llevaba el control en carpetas compartidas y correos: qué documento falta, quién lo sube, quién lo aprueba, cuál está por vencer. Lo que existía funcionaba mientras lo mirara una sola persona.
Una plataforma donde cada postulación es un proceso con su lista de documentos, su responsable y su revisor. Los documentos base de la empresa —vigencias, balances, certificados— viven en una biblioteca y se renuevan en un solo lugar: al actualizarlos, quedan actualizados en todas las postulaciones activas. El avance se calcula solo a medida que se aprueban documentos, y el sistema avisa por correo lo que está por vencer antes de que sea tarde. Cada persona entra con su cuenta y ve lo que le toca.
En un servidor, con base de datos, archivos respaldados y cuentas por persona. Cada empresa que lo usa tiene sus datos aislados de las demás a nivel de base de datos, no por una regla escrita en el código. Y en cualquier momento puede descargar todo lo suyo —archivos y planillas— en un solo archivo, incluso si dejara de pagar.